miércoles, 5 de mayo de 2010


Acudía a tu auxilio de forma inmediata.
"Hola, qué tal?", 
tu sonrisa y perdí por goleada.
Te apoderaste al instante de mi ocio
Y al fin y al cabo, pude entender que hiciste negocio

Una ráfaga de balas seductoras
No lograban vulnerar una coraza idiota
Y con mi seguridad ya en la miseria,
Fuimos por un café, juntos, los 3: Vos, yo y mi histeria.

Sin mucho más que hablar, nos despedimos.
Comprobé que ya era inútil extender ese partido.
Colgué los timbo y bajé la persiana,
sin embargo, tu autoestima cascoteó mi ventanta.

Sugerías necesitar mi delirio.
Para ganar espacio, me mostré cual mina tibia.
Empezó a inquietarte mi nueva conducta,
pero caí derrotada por tus brotes de astucia.

Me regalaste vacaciones en tu alcoba,
atrás quedó esa idiotez de dormir cola con cola.[...]

Quién dijo que no se puede combinar
inconstancia, inconsciencia y lealtad?
Que es imposible dar un paseo
un día a tu cielo, un día a mi infierno?

Estoy seguro, compañero,
y me juego mi alma loca,
que no debe existir boca
como esta, en el mundo entero.

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