martes, 22 de junio de 2010

Estaban en las montañas, en su albergue favorito. David le sonreia.
_¿Qué dices, bonita?¿Te quieres casar conmigo?
Recostada sobre la cama con dosel, ella levantó la vista,
convencida de que era el hombre de su vida. Para siempre.
Mientras escudriñaba sus profundos ojos verdes,
una campana ensordecedora empezó a tañer la distancia.
 Se lo llevaba. Extendió las manos, pero sólo aferraron el aire.




Dan Brown, La fortaleza digital

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