jueves, 10 de junio de 2010

Presionó con suavidad sus labios en mi frente y la habitación empezó a dar vueltas. El olor de su respiración me impedía pensar.

- ¿Tengo que explicarte por qué me gustas?
Era claramente una pregunta retórica. Sus dedos descendieron lentamente por mi espalda y su aliento rozó con más fuerza mi piel. Mis manos descansaban flácidas sobre su pecho y otra vez me sentí aturdida.

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