Un ego sobrevolando la atmósfera.
y la prudencia dentro de una bóveda.
Una histeria innecesaria,
así como descabellada,
abandoné cuando te vi.
Sentí estragos en el pecho,
del más loco frenesí.
Abundancia de promesas,
y una súplica de ayuda
para ir juntos a la luna.
Pasional como sutil
me arrebataste el cielo y lo adornaste.
Y con el tiempo me enseñaste qué es el amor,
Hoy sé que no debe existir
placer como admirarte reir.
martes, 29 de junio de 2010
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