Pero tuvo el antojo de jugar
a hacer conmigo una excepcióny, primero, nos fuimos a bailar y, en mitad de un “te quiero” me olvidó.

[...]No esperaba nada de los hombres,
coleccionaba amores desgraciados,
soldaditos de plomo mutilados.
Pero quiso una noche comprobarpara qué sirve un corazón
coleccionaba amores desgraciados,
soldaditos de plomo mutilados.
Pero quiso una noche comprobarpara qué sirve un corazón
y prendió un cigarrillo y otro más
como toda esperanza se esfumó.
Por eso, cuando el tiempo hace resumen
y los sueños parecen pesadillas,
regresa aquel perfume
de fotos amarillas.
Y, aunque sé que no era
el más guapo del mundo… juro que era
MAS GUAPO QUE CUALQUIERA
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