Todo lo que teníamos aferrado a nuestro puño se e v a p o r a con la misma rapidez que se consume un cigarrillo encendido.
Y desde el punto cero, desde el meridiano de nuestro desconcierto, tenemos que volver a empezar.Desparramar la esperanza sobre el tablero y agudizar el ingenio. Vaciar los bolsillos hasta que salgan pelusas. Atrapar el grito donde dobla la garganta y sostener el llanto con una cuchara.Darnos de baja del mundo por un tiempo. Escondernos del sol y de la fiesta que hay afuera. Embalar lo que nos queda y rematarlo al mejor postor.
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