lunes, 11 de octubre de 2010

Quizás si te conociera de vuelta, por segunda vez, las dos nos sorprenderíamos un poco. Seria raro, lindo. En otro lado, pero de la misma forma, por las casualidades de la vida (de las buenas como me dijiste esa vez).
Me lo imagino en un colectivo (linea 132), o en un subte (estación Lima) y vos serias demasiado perfecto y yo demasiado intrigante (tendríamos que ser otras personas). 
Ya estarías sentado, mirando por la ventana; yo subiría, me sentaría enfrente tuyo y esos ojitos me trastornarían un poco. Por algún motivo, de alguna forma terminaríamos hablando de mil cosas. Yo te contaría de vos, del vos real, de como son las cosas para mi y te lo contaría por que seria demasiado genial poder hablar de eso con alguien tan externo. Vos de alguna manera lo relacionarías con tus actitudes con migo, con la yo de la vida real. 
Pero estamos llegando a mi parada y me tengo que bajar, por que aunque vos no seas vos y yo no sea yo, es todo lo mismo y los dos sabemos que no va a funcionar. Vos me lo decís (como siempre) y esta vez, te agradezco y te hago caso. Por que no se puede acercarse a alguien que no quiere que se le acerquen, ni querer a alguien que no quiere que lo quieran.
Y esas cosas con el tiempo, se las lleva el viento

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