jueves, 7 de octubre de 2010

Llevé el peso de mi mano hasta tus labios. Coloqué mi dedo índice sobre ellos y los presioné despacio. Y no sabes como me contuve...Cuando en realidad solo quería morderlos. Sentir de ellos la calma y desordenar sus ideas con mi lengua. Pero no lo hice. 
En cambio, solo te pedí silencio.Tranquilidad para mis piernas inquietas y luz para mis ojos cerrados. Te reclamé solidaridad para con mis sueños y algo de cordura para mis deseos. Pero no lo viste.
Más allá de todo no existe nada y lejos de esto no importa el resto .Que me derrote el miedo al cielo si olvidás mis caricias y que me supere el dolor al ver la cobardía en tu mirada.
Porque yo si lo vi, me entendías.
Quité mi dedo de tu piel tan mía y esperé, para darle lugar al silencio eterno que después marcó mi vida para siempre .Solo que dijiste lo que menos esperaba...
Yo no te amo...
Nueve letras para el recuerdo y cuatro palabras para el olvido, nuevas marcas para una piel cansada y más sufrimiento del que ya conocía. 
Y te respondieron mis lágrimas, las más dolorosas de toda mi vida.



Se que el dolor pasa, pero también se que vas a extrañar la forma en que mi deseo consumía la suavidad de tus manos.


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